Trabajadores sexuales

De Del Sector Social
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En la Guía para el abordaje periodístico del Trabajo Sexual y las Trabajadoras Sexuales, se establece:

Trabajo sexual, es la prestación de un servicio sexual a cambio de dinero, en el que todas las partes comprometidas lo hacen por decisión personal y con consentimiento propio. Las trabajadoras sexuales somos mujeres mayores de edad que hemos decidido, por diferentes causas y motivaciones que varían en cada caso, dedicarnos a este trabajo, para poder solventar nuestra economía familiar y/o personal. Las trabajadoras sexuales no hemos sido tratadas ni debemos ser “rescatadas”. Cada vez que interfieren en nuestros espacios de trabajo, irrumpen en nuestros arreglos con los clientes o con los propietarios de los espacios y, muchas veces, impiden que podamos generar ingresos ese día.


La Asociación Mujeres Meretrices de la Argentina en Acción por Nuestros derechos (AMMAR) impulsa el uso del término trabajadora sexual, sosteniendo que evita que se utilicen términos que resulten peyorativos y afirma que son trabajadoras sexuales, toda vez que pertenecen a la clase trabajadora y se dedican a su oficio para satisfacer las necesidades propias y familiares, como cualquier otro trabajador.

Sin embargo, otras organizaciones proponen el término “persona en situación de prostitución”, sosteniendo que, el ejercicio de la prostitución no es un trabajo en la medida en que no cuenta con los estándares mínimos de seguridad social con los que debe contar un trabajo conforme al convenio 102 de la OIT, correspondientes a las asignaciones familiares, cobertura de salud, cobertura de riesgos de trabajo, seguro por desempleo y cobertura previsional de jubilaciones y pensiones.

Actualmente en Argentina, las personas que llevan a cabo este oficio, no cuentan con ninguno de estos estándares mínimos. En esta medida, se hace necesario aclarar que, para quienes conforman la asociación AMMAR, es importante el reconocimiento como “trabajadoras sexuales”, de manera que sea reconocido como un trabajo, se les reconozca como trabajadoras que llevan a cabo una labor u oficio a cambio de una contraprestación económica y puedan acceder a los beneficios de los que los demás trabajadores gozan.

Claro está, que para las mujeres que son explotadas a manos de un proxeneta, quien generalmente propicia el encuentro sexual y se queda con un gran porcentaje del dinero que el cliente entrega como contraprestación al desarrollo de ésta labor, no se les debe denominar como “trabajadoras sexuales” en la medida en que no están llevando a cabo un trabajo, están siendo explotadas y ese suceso debe ser denunciado.



Aquí se transcribe una parte de la Guía para el abordaje periodístico del Trabajo Sexual y las trabajadoras:

Las trabajadoras sexuales organizadas tenemos una larga historia de lucha y resistencia para terminar con los prejuicios que juegan en contra nuestra. Esta trayectoria tiene como componente principal el de lograr el pleno respeto por nuestra identidad de trabajadoras sexuales.

Nuestra lucha por impulsar la denominación trabajadoras sexuales se condice con la necesidad de quitarnos la pesada carga que hay sobre las palabras ‘sexo servidora’, ‘prostituta’ y ‘puta’, entre otras, que se utilizan como insultos, tienen interpretaciones peyorativas y condensan un conjunto de estigmas que juegan fuertemente en nuestra contra.

Somos TRABAJADORAS SEXUALES. No somos ‘prostitutas’ ni ‘putas’ ni ‘trapos’ ni ‘jineteras’ ni ‘cueros’ ni ‘rameras’. Ejercemos el TRABAJO SEXUAL. No estamos ‘en situación de prostitución’ ni nos ‘prostituimos’ ni ‘vendemos nuestro cuerpo por dinero’.

Somos trabajadoras, también, por pertenecer a la clase trabajadora y dedicarnos a nuestro oficio para satisfacer las necesidades propias y de nuestras familias, como cualquier otro trabajador y trabajadora.

En las últimas décadas, las y los periodistas han ido incorporando el lenguaje y las denominaciones correctas para otros colectivos (como las/los compañeras/os lesbianas, gays, bisexuales y transexuales — LGBT—; los pueblos originarios, etc.), sin embargo, nuestro derecho a auto-determinarnos como trabajadoras sexuales y ser reconocidas con esa definición, no ha generado tantas respuestas positivas de parte de los medios. ¿No es este, acaso, una consecuencia de prácticas machistas y que busca reproducir determinados roles de género? ¿No está esto relacionado con el hecho de ser mujeres que rompemos ciertas barreras de doble moral que esta sociedad reproduce?